• La  Gipuzkoa  de  hoy  y  la  del  mañana

    La Gipuzkoa de hoy y la del mañana

    Gipuzkoa cerró 2017 con una recaudación total de 4.670 millones de euros, un crecimiento del 11,3% respecto al ejercicio precedente. A falta de la liquidación definitiva del ejercicio, que llevaremos a cabo en el próximo Consejo Vasco de Finanzas que tendrá lugar en febrero, se trata de un registro que supera los de los años previos a la crisis económica, pero que debemos de tomar con prudencia.

    El crecimiento se explica, sobre todo, a través dos componentes principales. Por una parte, el acuerdo alcanzado en mayo del pasado año en la Comisión Mixta del Concierto Económico entre las administraciones de la Comunidad Autónoma Vasca y el Gobierno español, que ha permitido desbloquear la problemática en torno al Cupo. De este modo, las instituciones de Euskadi hemos logrado recuperar las cantidades que Madrid nos adeudaba, un primer paso relevante de cara a la normalización de nuestras relaciones financieras con el Estado. La importancia de este acuerdo para nuestro país queda fuera de toda duda.

    El segundo elemento de peso es el de la mejora del escenario económico y el paulatino fortalecimiento de nuestro tejido empresarial. Aislando el efecto del Cupo, Gipuzkoa recaudó en 2017 un 5% más que en el ejercicio precedente. Es decir, 202 millones de euros más atribuibles directamente a la revitalización de nuestra economía, ámbito por el que desde la Diputación Foral de Gipuzkoa estamos apostando muy fuerte desde el primer día de legislatura.

    En 2017, la tasa de desempleo del territorio se redujo hasta el 8,4% que marca el Eustat. El empleo, según los datos que maneja nuestra Hacienda foral, creció un 2,6% durante el mismo periodo de tiempo, mientras que la masa salarial (la suma de todos los salarios) subió un 4,1%; ambos indicadores encadenan tres años consecutivos sin conocer los números rojos y, en especial durante este último ejercicio, los salarios han crecido por encima del empleo.

    La consecuencia directa de esta mejoría es la subida de la recaudación del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF), ya que parte de la base de que casi el 90% de su base imponible corresponde a rendimientos de trabajo. También es más que reseñable la evolución positiva que ha tenido el Impuesto sobre Sociedades que, entre otros conceptos, grava los beneficios que obtienen las empresas: la recaudación registró una subida de dos dígitos (+10,3%), alcanzando su mejor cifra desde 2009. Se trata de un tributo que, durante la crisis, vio declinar sus ingresos por motivos obvios: si las empresas no ganan o están perdiendo dinero, la recaudación se resiente. Desde la Diputación, siempre hemos defendido que apostar por la promoción económica es la mejor forma de hacer crecer la recaudación de este tributo y, una vez superados los peores envites de la crisis, los síntomas de recuperación resultan evidentes.

    Todos los citados hasta ahora son indicadores positivos y meridianamente claros de que nuestra economía se recupera y nuestro tejido empresarial se fortalece, lo que a la postre redunda en beneficio de toda la sociedad. El esquema es simple: a mayor actividad económica, más recaudación; y a más recaudación, más recursos para financiar nuestros servicios públicos, que ejercen de elemento redistributivo de la riqueza y nos permiten a las administraciones actuar contra la desigualdad social.

    Obvia decir que la coyuntura actual tampoco es perfecta. Las cifras macroeconómicas son todas mejorables, siempre lo son; de hecho, en la Diputación Foral trabajamos constantemente para mejorarlas. Asimismo, sigue habiendo empresas que lo están pasando mal y que, en los casos más extremos, se están viendo abocadas al cierre, con la consecuente pérdida de riqueza y puestos de trabajo que ello supone para el territorio. Todo ello nos sirve de recordatorio y a la vez de acicate de que no todo está hecho, y de que tampoco podemos relajarnos.

    Pero a pesar de que aún existan estos claroscuros, y sin perder de vista la prudencia, estamos en disposición de decir que la coyuntura actual es de paulatina mejoría y reactivación económica. Desde la Diputación Foral, como ya he mencionado, seguimos acompañando a nuestro tejido empresarial para lograr consolidar el actual escenario. Las perspectivas también son buenas a corto plazo e invitar al optimismo pero, a la hora de abordar el debate sobre nuestro modelo socioeconómico, echo de menos referencias al medio y largo plazo.

    Por de pronto, Gipuzkoa, Euskadi y Occidente en general estamos inmersos en un proceso de cambio demográfico radical. El envejecimiento de la población es ya un hecho que irá in crescendo durante los próximos lustros, lo que afecta de lleno a las políticas públicas. Gipuzkoa tiene en la actualidad a 29.000 personas en situación de dependencia pero para 2031, es decir, en apenas trece años, este colectivo alcanzará las 39.000 personas, casi un tercio más. Todo esto, unido a la reducción de la población activa, debería de ser motivo suficiente para fijar entre nuestras prioridades la reflexión en torno al modelo socioeconómico y la financiación de los servicios públicos del mañana.

    Ciberseguridad, cambio climático, medios de transporte… Junto al tema del envejecimiento, son muchas las grandes cuestiones que tenemos sobre la mesa y ante las que no nos podemos permitir mirar hacia otro lado. Con este fin, desde la Diputación Foral de Gipuzkoa hemos puesto en marcha esta legislatura la iniciativa Etorkizuna Eraikiz para, de la mano de agentes económicos y sociales y el conjunto de la sociedad civil guipuzcoana, empezar a trabajar desde hoy los retos y desafíos que nuestro territorio afrontará en un futuro no tan lejano y que ya asoma en el horizonte.

    Volviendo a la idea con la que he dado comienzo a esta reflexión, 2017 ha sido un año positivo en lo que respecta a la recaudación, debido en parte al fortalecimiento de nuestra economía y al impulso de nuestras empresas. Todo ello nos reafirma en que nuestra apuesta por la promoción económica es la acertada, y que a través del impulso y apoyo a nuestro tejido empresarial lograremos dejar atrás las consecuencias de la crisis.

    Pero al mismo tiempo, la coyuntura actual se presenta como idónea para levantar la vista del presente y empezar a mirar al futuro. El sostenimiento del nivel de bienestar del mañana es una cuestión que atañe a toda la sociedad, y un debate y una reflexión en la que agentes económicos y sociales, empresas, universidades y ciudadanía tienen mucho que decir. Sobre la base sólida que pisamos, pongámonos manos a la obra para blindar nuestro nivel de bienestar y construir entre todos y todas la Gipuzkoa del mañana.

     

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