La diversidad como panorámica y desde los derechos

Esta semana hemos presentado el Plan Foral de Convivencia en la Diversidad con acciones para la puesta en valor de la diversidad existente en Gipuzkoa y, a su vez, adoptar medidas contra los diferentes tipos de discriminación. La socialización de dicho Plan ha arrancado con un pequeño vídeo, compartido a través de las redes sociales, cuyo mensaje invita a la reflexión de una manera sencilla pero llamativa. El breve spot da cuenta de las múltiples posibilidades de las que dispone el teclado de emojis y emoticonos de las aplicaciones de mensajería para expresar la diversidad de género, color de piel, oficios, orientación de género o incluso costumbres. El mensaje es muy claro: “En nuestro móvil ya está instalado el lenguaje de la convivencia. ¿Lo tenemos instalado en la cabeza?”. La diversidad es mucho más compleja y rica que lo que una colección de ideogramas llega a plasmar, pero la invitación a la reflexión que ofrece este vídeo tan simpático nos sirve como ejercicio para evaluar nuestra mirada respecto a la diversidad en la sociedad.

Esta mirada también tiene que ser vigilante y preventiva. Celebrar la diversidad exige, como parte de una sociedad democrática, reconocer que no todas las personas parten del mismo punto a la hora de participar en la sociedad y que algunas personas, por pertenecer a un grupo concreto, pueden verse apartadas en el aspecto social, cultural, económico o político. Garantizar la igualdad de oportunidades pasa por luchar en contra de la discriminación a todos los niveles, por trabajar por un territorio cohesionado, con menor riesgo de marginación y de conflicto social.  En Gipuzkoa muchas personas afrontan dificultades para desarrollar su vida diaria gozando de los mismos derechos, de las mismas oportunidades que las demás. Discriminaciones que se asumen en silencio, habituales en la sociedad, y que incluso en muchos casos, las propias personas que las sufren las consideran naturales.

Las encuestas nos indican que en Gipuzkoa más de la mitad de la ciudadanía se muestra tolerante hacia la inmigración, por ejemplo. Un panorama favorable que no evita situaciones cotidianas más veladas de discriminación. El simple hecho de alquilar un piso es en muchos casos más complicado para personas de ciertas etnias u orígenes, y se les exigen garantías extra o, simplemente, se les ofrece el piso por un alquiler tan elevado que les es imposible permitírselo. Esta es una realidad habitual según han denunciado en múltiples ocasiones las asociaciones que trabajan a favor de los derechos de las personas inmigrantes. Es un hecho independiente a la regularización de su situación y que está más ligado a los falsos prejuicios que se generan entorno a la población extranjera y especialmente a la de origen magrebí, pakistaní o rumano.  Un recelo del que también son objeto, por ejemplo, las mujeres de etnia gitana, como nos lo han contado en alguna reunión que hemos mantenido con diferentes asociaciones de Gipuzkoa. Estas mujeres se ven a menudo en la situación de tener que disfrazarse, según sus propias palabras, a la hora de presentarse a una entrevista de trabajo. Estas mujeres consideran por tanto que están obligadas a ocultar su habitual manera de vestirse y maquillarse para no ser discriminadas. Una de las reclamaciones más presentes que se escucha desde la comunidad gitana de Euskadi es la necesidad de gozar del mismo respeto y reconocimiento del que disfrutan el resto de las personas que conforman la sociedad.

Pero la discriminación no se produce solamente por razones de origen, etnia o religión de las personas. La sociedad no ofrece las mismas oportunidades a las personas con discapacidad, que se enfrentan a barreras de todo tipo para acceder a ámbitos tan importantes como el laboral o el educativo. No solo se trata de trasladar lo normativo a la práctica cotidiana, se trata de asumir la diversidad de capacidades para que todos y todas podamos elegir libremente sobre los aspectos que afectan a nuestras vidas. Nuestra mirada como sociedad debe ser panorámica y atenta a las barreras impuestas a las personas simplemente por su situación particular. Podríamos hablar también de los obstáculos a los que se tienen que enfrentar a diario las personas transexuales y transgénero, llegando a sufrir desde el rechazo más encubierto hasta la agresión física por su identidad.

Las dificultades para desarrollar su vida en una igualdad de condiciones afectan a buena parte de la sociedad y también hay vulnerabilidades que pueden ser temporales o contingentes. Grupos específicos como los de la infancia o las personas de edad o las situaciones de pobreza que pueden privar a las personas de ejercer sus derechos en momentos concretos de su vida. Las dimensiones de la desigualdad son múltiples.

Este es un debate que en los países occidentales ha tomado relevancia sobre todo en los años posteriores a la crisis. En el caso Gipuzkoa, desde la Diputación la lucha para reducir la desigualdad es una apuesta firme y global desde el principio de legislatura y, ahora, hemos dado un paso más, presentando el Plan Foral de Convivencia en la Diversidad, con acciones concretas en contra de la discriminación. Un Plan que huye de los mensajes buenistas y populistas, se centra en el ámbito de los derechos y trata de abarcar todo tipo de diversidades. Y damos este paso con el convencimiento que en Gipuzkoa contamos con una base socio-económica que también nos permite afrontar este reto con más firmeza. Buena muestra de ello es la salud con la que cuenta nuestro tejido asociativo que tiene cerca de 4.500 asociaciones de voluntariado. La nuestra es una sociedad que confía y apuesta por su capital social con una red de confianza que es un valor seguro sobre el que edificar la cohesión social y es garantía de futuro.

El Plan que hemos presentado esta semana es una herramienta de trabajo que busca hilvanar y vincular los diferentes esfuerzos que desde la Diputación se realizan para combatir la discriminación. Sabemos que este objetivo tiene que ser compartido con sociedad guipuzcoana y con el resto de instituciones, lo cual nos lleva a ser más ambiciosos y plantearnos la convivencia en la diversidad como una labor colectiva. Un reto que nos vincula a todas y a todos quienes nos reconocemos en la diversidad y creemos en la igualdad de derechos y de deberes. Esa es nuestra visión del futuro, cuyo objetivo es ser uno de los territorios con menor desigualdad de Europa. No se trata, por lo tanto de eliminar las diferencias, sino de esforzarnos por derribar las desigualdades.

 

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